Tatiana Bezakova, nutricionista integrativa en Barcelona: «La menopausia no es un declive, es una transición»
Tatiana Bezakova dirige su consulta de nutrición integrativa en Calella (Barcelona) especializada en el acompañamiento de mujeres durante la perimenopausia y la menopausia.
Con más de nueve años de experiencia, combina nutrición integrativa, PNI clínica, Ayurveda, nutrición ortomolecular, nutrigenética y epigenética. En esta entrevista explica cómo trabaja, por qué evita las dietas restrictivas y qué necesitan saber las mujeres que llegan a esta etapa.
¿Qué cambios suelen experimentar las mujeres durante la perimenopausia y la menopausia y cuáles son los motivos más habituales por los que acuden a su consulta?
En mi consulta, la perimenopausia y la menopausia suelen traer un mismo patrón, aunque cada mujer lo vive distinto: cambios en la distribución de la grasa corporal (más acumulación abdominal, aunque no hayan cambiado su alimentación), fatiga que no mejora por mucho que descansen, alteraciones del sueño, digestiones más pesadas o hinchazón que antes no tenían, y también cambios de humor o una sensación de «no reconocerse» que les preocupa mucho.
El motivo más habitual por el que llegan a consulta es, sin duda, el aumento de peso que no responde como antes a lo que hacen — muchas me dicen «como igual que siempre y engordo igualmente», y ahí es donde hay que explicarles que su cuerpo ya no está funcionando con las mismas reglas hormonales de antes. El segundo motivo más frecuente es la hinchazón y las digestiones difíciles, que muchas veces esconden detrás inflamación de bajo grado ligada justamente a este cambio hormonal.
Lo que más repito en consulta es que no es un problema de fuerza de voluntad, es un cambio fisiológico real que requiere comprensión (entender qué les pasa y por qué) y un abordaje distinto. Cuanto antes lo entiendan así, antes dejan de sentirse culpables por algo que no depende solo de ellas.
Su enfoque combina nutrición integrativa, PNI clínica, Ayurveda y nutrición ortomolecular. ¿Cómo integra estas disciplinas en la práctica y qué aporta cada una al abordaje de esta etapa de la mujer?
Para mí estas disciplinas no funcionan como compartimentos separados, sino como distintas capas de lectura de la misma mujer.

La nutrición integrativa es la base — parto siempre de la alimentación real de la persona, de su analítica funcional y de su historia clínica completa, no de una dieta genérica de «menopausia». La PNI clínica me da la mirada de sistema: entender que el eje hormonal, el sistema nervioso, el sistema inmune y el intestino se están hablando constantemente entre sí. En esta etapa es clave, porque muchos de los síntomas que parecen «solo hormonales» —la inflamación, la fatiga, la resistencia a perder peso— en realidad tienen origen en cómo está funcionando el intestino o cómo está gestionando el cuerpo el estrés mantenido. La Ayurveda me aporta la parte más individual y constitucional — no todas las mujeres viven la transición igual, y trabajar según su naturaleza (su dosha, su ritmo, su forma de responder al estrés) me permite personalizar mucho más que con un protocolo estándar. También aporta herramientas muy valiosas para el sueño, la digestión y la calma del sistema nervioso que la nutrición convencional no siempre contempla. Y la nutrición ortomolecular entra cuando los datos analíticos me piden precisión — cubrir déficits concretos (hierro, vitamina D, magnesio, omega-3…) con dosis terapéuticas reales, no solo con «come más variado».
Lo que aporta cada disciplina, al final, es lo mismo: mirar a la mujer completa, no solo el síntoma que la trae a consulta.
Muchas mujeres sienten que durante la perimenopausia empiezan a ganar peso o que les resulta mucho más difícil perderlo. ¿Qué factores pueden estar detrás de estos cambios y cómo los aborda desde la nutrición?
Los factores más importantes suelen ser tres: el cambio hormonal en sí, que hace que el cuerpo tienda a acumular más grasa en la zona abdominal; un intestino que ya no digiere igual de bien ciertos alimentos, lo que genera inflamación silenciosa; y un sistema nervioso que, si lleva tiempo en tensión, hace que el cuerpo «se proteja» reteniendo en lugar de soltar. Desde la nutrición no trabajo solo la cantidad de comida (de hecho, no hago dietas: eso muchas veces consigue el efecto opuesto al deseado) Priorizo mirar cómo de bien la está digiriendo y asimilando el cuerpo, y cómo de tranquilo o alerta está ese cuerpo por dentro.
Un ejemplo sencillo: es como un cuerpo que siente que tiene que estar preparado para una emergencia todo el tiempo — mientras sienta eso, por mucho que ajustemos la comida, va a costarle soltar peso, porque su prioridad no es adelgazar, es protegerse. Por eso mi trabajo empieza siempre por bajar esa sensación de alerta, y a partir de ahí, el cuerpo suele responder mucho mejor.
Además del peso, síntomas como el cansancio, la inflamación, las alteraciones del sueño o la llamada “niebla mental” son frecuentes en esta etapa. ¿Qué relación pueden tener con la alimentación, las hormonas, la microbiota y el estilo de vida?
Todos estos síntomas están más conectados de lo que parece, aunque a simple vista se vivan como cosas separadas. El cansancio y la niebla mental suelen tener mucho que ver con el microbiota y con la inflamación: un intestino inflamado consume gran cantidad de energía del cuerpo y además interfiere en la producción de neurotransmisores que necesitamos para tener claridad mental, así que cuando el intestino no está bien, el cerebro lo nota directamente. Las alteraciones del sueño, por su parte, están muy ligadas al descenso hormonal, pero también empeoran mucho si hay inflamación de base, porque el cuerpo no logra relajarse del todo por dentro.
Lo que hago desde la alimentación es cuidar primero ese eje intestino-cerebro, y a la vez dar al cuerpo las señales de calma que necesita a través del descanso y de reducir el estrés mantenido. La hoja de ruta que utilizo siempre es una anamnesis muy completa, después restablecemos las carencias bioquímicas, abordamos la mentalidad, las vías de detox, calidad de sueño y plan de ejercicio adaptado y sostenible dentro del contexto de cada mujer.

En su consulta apuesta por evitar las dietas restrictivas y trabajar de manera personalizada. ¿Cómo es el proceso desde que una mujer llega por primera vez hasta que se establece su plan nutricional y de seguimiento?
Cuando una mujer llega por primera vez, dedico la primera consulta a conocer su historia completa —alimentación, estilo de vida, sueño, estrés, qué ha probado antes— y la completo con una analítica funcional que me permite ver qué está pasando realmente por dentro. A partir de ahí diseño un plan personalizado, no una dieta cerrada, que vamos ajustando en cada sesión de seguimiento según cómo responde su cuerpo. Evito la restricción como punto de partida por una razón clínica para mí muy importante: en un terreno ya sensible, como suele ser el de una mujer en esta etapa, restringir aumenta la alerta del cuerpo en lugar de calmarla, y un cuerpo en alerta no suelta peso, lo protege. Y ahí está también la explicación de por qué la mayoría de las dietas no funcionan a largo plazo: no somos una máquina donde basta con contar calorías e inducir un déficit para que todo se resuelva. Somos seres humanos únicos, y una dieta que no respeta esa individualidad, simplemente, no es sostenible en el tiempo.
También utiliza, cuando lo considera necesario, analíticas y herramientas como los test nutrigenéticos o epigenéticos. ¿Qué información pueden aportar estas pruebas y en qué casos pueden resultar útiles para personalizar el acompañamiento?
Las analíticas funcionales las utilizo en el 100% de los casos, porque son el dato más fiable: nos dicen lo que está ocurriendo realmente en el cuerpo ahora mismo. El test nutrigenético en términos de prevención es increíble y se hace una sola vez en la vida —el ADN no cambia— Nos enseña la predisposición de base en áreas como nutrición, fitness, derma, longevidad, ginecología, detox hepático, oncología, neurología. Contando con esa información sabemos qué sistemas deberíamos cuidar con mayor precisión porque la posibilidad que se desequilibren es alta. Y eso desde mi punto de vista, nos puede salvar de muchos disgustos. La genética es un 20% de todo lo que nos pasa (como de cargada viene la pistola (el cuerpo) ) y luego viene la epigenética (el 80% que decide si se dispara el gatillo o no) . El epigenético, muestra cómo se está expresando esa carga hoy, y nos da una hoja de ruta de trabajo a 3 meses. Un ejemplo claro de su utilidad: en mujeres que se plantean iniciar terapia hormonal sustitutiva, el test nutrigenético revela su capacidad de detoxificar los estrógenos, lo cual es especialmente valioso para descartar predisposición a cánceres hormono-dependientes antes de introducir hormonas externas. Con ese dato acompaño la decisión de la mujer, y la de su ginecólogo, con mucha más precisión.
Después de más de nueve años acompañando a mujeres en consulta, ¿qué considera que necesitan saber las mujeres que llegan a la perimenopausia o menopausia para afrontar esta etapa con una visión más positiva y cuidar su salud a largo plazo?
Después de más de nueve años acompañando a mujeres en esta etapa, lo primero que me gustaría que supieran es que esto no es un declive, es una transición — y como toda transición, necesita información, adaptación y no miedo. Y hay algo que me encuentro constantemente al principio: la primera reacción de muchas mujeres es intentar aumentar el ritmo y estar bien «cueste lo que cueste», como si la solución fuera exigirse más que antes. Pero un cuerpo que ya está pidiendo lo contrario no necesita más esfuerzo, necesita ser escuchado — y ese sobreesfuerzo es, paradójicamente, lo que más aleja el bienestar que están buscando. Y después llegan a consulta cargando la idea de que a partir de ahora «todo va a ir a peor», y esa creencia, por sí sola, ya genera alerta en el cuerpo y dificulta el proceso.
Lo segundo es que los síntomas no hay que normalizarlos ni sufrirlos en silencio — el cansancio, la niebla mental, el aumento de peso o la hinchazón tienen explicación y tienen abordaje, no son algo con lo que simplemente «hay que aprender a vivir».
Y lo tercero, quizás lo más importante: esta etapa es una oportunidad para escuchar al cuerpo de una forma que antes, muchas veces, no se habían permitido. Cuidar de una misma, en esta fase, deja de ser un lujo y se convierte en una necesidad real. Y cuando una mujer lo entiende así, la menopausia deja de vivirse como una pérdida y empieza a vivirse como un punto de partida.
DIRECCION: Carrer de l’Església, 141, 08370 Calella, Barcelona, España



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