Núria Armengol, Psicóloga: «Ser empático no significa tener que soportarlo todo»
La psicóloga, que trabaja en su libro “La era de los empáticos”, reflexiona sobre la sensibilidad, los límites personales y la necesidad de construir una sociedad que proteja a quienes más lo necesitan.
¿Cómo son las personas empáticas? ¿Es posible comprender tanto a los demás que terminen olvidándose de sí mismas?
Las personas empáticas tienen facilidad para percibir el sufrimiento ajeno y ponerse en el lugar del otro. Pero en mi consulta veo a muchas que están tan pendientes de lo que necesitan los demás que acaban perdiendo de vista sus propias emociones y necesidades. Comprenden por qué su pareja se enfada, por qué un familiar las trata mal o por qué un compañero no cumple con sus obligaciones, pero apenas se preguntan cómo les afecta todo eso. Comprender una conducta no significa tener que aceptarla. La empatía nunca debería exigirnos renunciar a nosotros mismos.
¿Eso las convierte en personas especialmente vulnerables a la manipulación y los abusos?
Pueden serlo cuando les cuesta decir «no» o sienten culpa al poner límites. Algunas han aprendido desde pequeñas que para recibir cariño deben complacer, no molestar y responsabilizarse de los demás. Y hay quien se aprovecha de esa disposición. En terapia trabajamos para que identifiquen sus límites sanos y también los infranqueables: aquellos que protegen sus valores y su dignidad. Ser empático no significa justificar lo injustificable ni soportarlo todo. Poner límites no es traicionar a los demás; es dejar de traicionarse a uno mismo.
¿Cómo reaccionan sus clientes cuando empiezan a establecer esos límites?
Generalmente sienten alivio, aunque también aparecen resistencias. Hay personas que, después de años cargando con responsabilidades ajenas, se sienten malas personas cuando empiezan a cuidarse. Incluso temen perder su esencia. Les explico que su esencia no consiste en resolver los problemas de todo el mundo. Pueden seguir siendo sensibles, generosas y empáticas sin acabar emocionalmente agotadas. Aprender a poner límites no significa dejar de ser buena persona; significa aprender a serlo también con uno mismo.
Todavía hay quienes consideran que una persona muy sensible es débil. ¿Está de acuerdo?
En absoluto. En mi consulta atiendo a personas que viven su sensibilidad como un defecto y se esconden detrás de una coraza emocional. Esa protección pudo serles útil, pero a veces también les impide mostrarse como son. La empatía nos ayuda a comprender el dolor ajeno y a construir vínculos profundos. ¿Por qué deberíamos considerar eso una debilidad? Lo que necesitamos no es dejar de sentir, sino aprender a proteger nuestra sensibilidad. Esa es una de las ideas centrales de La era de los empáticos.

Hasta ahora hemos hablado de la empatía en las relaciones personales. Pero ¿qué ocurre cuando trasladamos esa sensibilidad a los problemas de nuestra sociedad?
Creo que la empatía no debería quedarse únicamente en nuestras relaciones personales. También necesitamos mirar más allá de nuestro entorno y preguntarnos cómo viven las personas que atraviesan situaciones difíciles. A veces hablamos de cifras, noticias o problemas sociales y olvidamos que detrás hay seres humanos con historias, miedos y sufrimiento. No podemos resolver individualmente todas las injusticias, pero sí evitar acostumbrarnos al dolor ajeno. Una sociedad verdaderamente empática no es solo aquella que se conmueve ante el sufrimiento, sino la que se pregunta qué puede hacer para prevenirlo y proteger a quienes más lo necesitan.
La vivienda se ha convertido en una fuente de angustia para muchas familias. ¿Qué le sugieren casos como los de María del Carmen, Javier y Olga?
Me producen una enorme tristeza. María del Carmen, de 87 años, falleció en un hospital de Madrid después de ser desahuciada de la vivienda donde había vivido durante décadas. Javier, de 60 años, murió por suicidio cuando afrontaba el desahucio del local donde trabajaba y en el que ocasionalmente dormía, en L’Hospitalet. Y Olga, de 54 años, también murió por suicidio meses después de perder su vivienda en esa ciudad. No debemos atribuir ninguna muerte a una sola causa, pero sí reconocer el enorme sufrimiento psicológico que puede provocar la inseguridad habitacional. Un hogar no son solo cuatro paredes: es estabilidad, intimidad y protección. ¿Cómo pedirle tranquilidad a alguien que no sabe dónde dormirá mañana? Con alquileres inasumibles y escasez de vivienda asequible, debemos preguntarnos qué significa realmente el Estado del bienestar si falla una necesidad tan básica.
El joven agricultor David Lafoz participó en las reivindicaciones del campo y ayudó tras la DANA. ¿Qué reflexión le merece su historia?
Su historia me conmueve. Era un joven de 27 años comprometido con el campo, que también acudió a ayudar a quienes sufrieron la DANA. Antes de fallecer había expresado públicamente el agotamiento y las presiones que sentía, aunque no debemos confundir sus denuncias con hechos probados ni explicar un suicidio por una única causa. Pero hay una reflexión que me parece imprescindible: a menudo vemos a alguien valiente, solidario y dispuesto a ayudar, y olvidamos que también puede necesitar apoyo. David estuvo allí cuando otros lo necesitaron. ¿Estamos cuidando suficientemente de quienes cuidan a los demás?
En una sociedad cada vez más individualista, ¿cree que la empatía nos hace más fuertes como colectivo?
Estoy convencida de ello. Los seres humanos somos interdependientes: necesitamos cooperar para vivir y prosperar. Incluso detrás de los mayores éxitos económicos hay trabajadores, colaboradores y esfuerzos compartidos. El individualismo llevado al extremo rompe los vínculos que nos sostienen. Y también dependemos de un ecosistema con recursos limitados que debemos cuidar. La verdadera fortaleza de una sociedad no consiste en que cada uno se salve solo, sino en que sepamos protegernos unos a otros.

Cuenta con una valoración de 4,9 sobre 5 en Google, basada en 142 reseñas, y muchos clientes destacan su empatía. ¿Es una herramienta esencial en su consulta?
Sí. Me considero una persona muy empática y esa capacidad de ponerme en el lugar de quien tengo delante es fundamental en mi manera de trabajar. Cuando comprendo cómo siente, piensa y vive una situación, puedo ayudarle a comprenderse mejor, reconocer qué le está haciendo daño y reorganizar aquello que no le funciona. La empatía no es simplemente dar la razón: también implica señalar, con respeto y sin juzgar, lo que la persona todavía no consigue ver. Por supuesto, debe ir acompañada de formación y rigor profesional. Mi objetivo es que mis clientes aprendan a comprenderse, respetarse y protegerse.
¿Qué mensaje quiere transmitir con La era de los empáticos?
Quiero reivindicar a las personas sensibles y empáticas. En el libro recurro a historias inspiradas en mi experiencia profesional y a lecciones de la naturaleza para mostrar que podemos proteger nuestra sensibilidad sin renunciar a ella. Pero mi mensaje va más allá del bienestar individual: necesitamos personas capaces de preocuparse por los demás y por el planeta. Seguimos librando guerras por territorios y recursos, aun a costa de destruir vidas humanas. ¿Podemos hablar de progreso si no avanzamos también en humanidad? Creo firmemente que las personas empáticas pueden ser grandes impulsoras de un mundo mejor. Porque el futuro no depende solo de cuánto avancemos tecnológicamente, sino de cuánto seamos capaces de avanzar humanamente. Y no olvidemos cuidar también de quienes cuidan, de esas personas empáticas que tantas veces se olvidan de sí mismas por estar pendientes de los demás. Porque sin ellas, el mundo sería un lugar mucho más frío, más indiferente y menos humano.
Dirección profesional: C/ Higini Anglès, 2, 8º-1º (Tarragona)
Teléfono: 625 496 482.
Núria Armengol Martínez es Psicóloga y ejerce en Tarragona. Trabaja a nivel de terapia, y de parejas. Su página web es www.nuriaarmengolpsicologa.es, y www.nuriaarmengol.com. Trabaja con sesiones presenciales y online.
Actualmente está escribiendo el libro “La era de los empáticos”.
DIRECCION: Carrer d'Higini Anglès 2, 8.º 1.ª, 43001 Tarragona



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