El idioma y el nuevo requisito de la ESO restringen el acceso al taxi en Madrid para conductores extranjeros
La regulación del servicio de taxis en Madrid presenta importantes diferencias en comparación con Barcelona, lo que afecta el acceso de conductores extranjeros. En la capital española, el idioma y un nuevo requisito de educación secundaria obligatoria (ESO) limitan la entrada de nuevos profesionales al sector, mientras que en Barcelona se observa una mayor apertura hacia trabajadores latinoamericanos y una mayor presencia de conductores pakistaníes.
Con más de 15,000 licencias de taxi en Madrid y alrededor de 5,000 conductores asalariados, la proporción de taxistas extranjeros es relativamente baja, representando cerca del 6.5% del total, según cifras recientes del Ayuntamiento. Román García, vicepresidente de la Asociación Madrileña del Taxi, destaca que la mayoría de los taxistas extranjeros son de países latinoamericanos, donde el dominio del español facilita su integración en el sector.
Los requisitos para obtener la licencia de taxi en Madrid incluyen un examen que evalúa el conocimiento del idioma y del funcionamiento de la ciudad. En los últimos años, se ha endurecido la prueba de idioma, exigiendo un mínimo de 18 respuestas correctas de un total de 24. Además, desde septiembre de este año, se ha reintroducido la necesidad de poseer el título de ESO o acreditar conocimientos equivalentes, lo que podría complicar aún más el acceso para muchos conductores extranjeros.
García señala que el sector del taxi actúa como un refugio laboral durante las crisis, atrayendo a personas que buscan reinsertarse en el mercado laboral. Sin embargo, el nuevo requisito académico podría limitar la incorporación de trabajadores mayores de 55 años y de inmigrantes con permisos de residencia. Muchos de estos conductores podrían verse obligados a optar por el sector de vehículos de transporte con conductor (VTC), donde los requisitos son menos estrictos.
En el ámbito de los VTC, empresas como Uber y Cabify no requieren el título de ESO para sus conductores, lo que facilita su acceso al mercado. La prueba de conocimiento del idioma es menos exigente, requiriendo solo la mitad de respuestas correctas en comparación con el examen de taxista.
La futura ley del taxi en Cataluña también ha suscitado controversia, especialmente en lo que respecta a los requisitos de idioma. Aunque se exige una prueba básica de comunicación en catalán y castellano, se prevé que en la próxima regulación se demande un nivel B1 de catalán y, posiblemente, un B2, lo que ha generado oposición entre ciertos grupos de conductores, en particular aquellos de origen pakistaní.
En cuanto a la relación entre taxis y VTC en Madrid, el número de licencias de taxi asciende a 16,014, mientras que hay 9,747 licencias de VTC, lo que representa un VTC por cada 1.6 taxis. Estudiosos han señalado que Madrid necesita entre 8,300 y 11,000 autorizaciones adicionales para alcanzar la proporción de otras ciudades europeas.
Las organizaciones del sector están divididas. La Asociación Madrileña del Taxi, compuesta principalmente por propietarios de flotas, aboga por una mayor flexibilidad en la regulación, mientras que otras agrupaciones, como la Federación Profesional del Taxi, defienden los intereses de los taxistas autónomos con una única licencia. En Madrid, una persona no puede poseer más de 15 licencias, a diferencia de otras ciudades españolas donde se permiten hasta 50, con el objetivo de evitar la concentración excesiva en el sector.
El número de licencias se ha mantenido relativamente estable en torno a las 15,700 desde que se implementó una restricción en 2005. Las licencias se transfieren principalmente cuando un taxista se jubila, y su precio oscila entre 160,000 y 170,000 euros, comparable a las tarifas en Barcelona.
Finalmente, las principales inquietudes de los taxistas en Madrid giran en torno al aumento de costes, la carga fiscal y las tarifas, que no se han ajustado adecuadamente en los últimos años, según García. Un estudio reciente posicionó a Madrid como la novena ciudad española con tarifas de taxi más elevadas, mientras que Barcelona ocupó el décimo tercer lugar.


