Sezam Studio y la coreografía invisible del interiorismo metódico
En una reforma, el resultado final suele concentrar toda la atención. Las imágenes de espacios terminados, la luz natural entrando en una estancia equilibrada o la armonía entre materiales y mobiliario son, habitualmente, la parte más visible del interiorismo. Sin embargo, detrás de esa apariencia serena existe un proceso complejo, técnico y profundamente estructurado que rara vez se muestra con el mismo protagonismo.
Sobre esa dimensión menos visible trabaja Sezam Studio, un estudio que define su manera de proyectar viviendas a través del concepto de “interiorismo metódico”. Una filosofía de trabajo que entiende la reforma no únicamente como una transformación estética, sino como un proceso integral en el que planificación, acompañamiento, coordinación y sensibilidad deben convivir desde el inicio.
La propuesta del estudio parte de una idea sencilla: un hogar no empieza a construirse cuando la vivienda está terminada, sino mucho antes, en las decisiones invisibles que sostienen todo el proyecto. Antes de que aparezcan los acabados, el mobiliario o la calma visual del espacio final, existen planos, mediciones, dudas, reuniones, pruebas técnicas y una larga cadena de decisiones que condicionarán la forma en que se vivirá esa casa durante años.
El proceso invisible de una reforma
Toda obra atraviesa una etapa inicial marcada por la incertidumbre. Es el momento en el que todavía hay paredes por abrir, instalaciones pendientes, marcas en el suelo y múltiples aspectos por resolver. Desde fuera, puede parecer una fase desordenada y difícil de gestionar, especialmente para quienes afrontan una reforma por primera vez.
Sin embargo, Sezam Studio plantea precisamente ese momento como una de las partes más importantes del proyecto. Según su visión, es ahí donde se define realmente la vivienda futura: en la capacidad de anticipar necesidades, interpretar cómo vive cada cliente y tomar decisiones coherentes antes de que exista una imagen terminada del espacio.
La distribución, la iluminación, los recorridos interiores, la relación entre estancias, la elección de materiales o la integración de soluciones técnicas forman parte de un trabajo previo que rara vez se percibe una vez concluida la obra, pero que determina el funcionamiento cotidiano de la vivienda.
El estudio entiende que la armonía final no aparece de forma espontánea. Lo que después se percibe como natural suele ser consecuencia de una planificación muy precisa, basada en la coordinación de múltiples variables y profesionales. Desde industriales y proveedores hasta plazos de ejecución o ajustes técnicos durante la obra, todo requiere una estructura clara para evitar improvisaciones constantes.
La danza como metáfora del método
Para explicar esta idea, Sezam Studio ha desarrollado una pieza audiovisual que utiliza la danza como lenguaje narrativo. El vídeo cuenta con la participación de la bailarina Naty Giménez, la fotógrafa Maria Pujol y la videógrafa Lídia Ladera.
La elección de la danza no es casual. El movimiento coreografiado sirve como una metáfora del interiorismo entendido desde la precisión y la sensibilidad. Una coreografía puede parecer espontánea y ligera, pero detrás existe ensayo, repetición, técnica y una estructura perfectamente organizada. Del mismo modo, un espacio equilibrado y funcional no surge únicamente de la creatividad o del gusto estético, sino de una metodología capaz de ordenar cada decisión del proceso.
A través de esta propuesta visual, Sezam Studio intenta trasladar una idea que normalmente permanece oculta: la belleza no está únicamente en el resultado visible, sino también en la manera en que se construye. El vídeo pone el foco en esa “coreografía invisible” que acompaña toda reforma y que permite que el proyecto avance con coherencia a pesar de la complejidad que implica transformar una vivienda.
La presencia de Naty Giménez aporta precisamente esa dimensión corporal y emocional del proceso. Sus movimientos representan el equilibrio entre control y sensibilidad, dos conceptos que el estudio considera fundamentales dentro de su metodología. La mirada fotográfica de Maria Pujol y el trabajo audiovisual de Lídia Ladera refuerzan esa atmósfera de precisión y calma que la pieza quiere transmitir.
Interiorismo más allá de la estética
Uno de los aspectos centrales en la filosofía de Sezam Studio es la idea de que el interiorismo no debe reducirse a una capa estética añadida al final de una obra. El estudio defiende una visión más amplia, donde cada decisión tiene consecuencias prácticas, emocionales y funcionales.
Elegir un material no implica únicamente valorar su apariencia visual. También significa pensar en su mantenimiento, en cómo envejece con el uso, en la sensación que transmite o en la forma en que se relacionará con la luz natural de la vivienda. Del mismo modo, una distribución no responde solamente a criterios compositivos, sino a hábitos reales de quienes habitarán el espacio.
En este enfoque, la técnica y la sensibilidad dejan de entenderse como elementos opuestos. La creatividad necesita estructura para poder materializarse correctamente, mientras que el método necesita sensibilidad para no convertirse en un proceso frío o estandarizado.
Por eso, Sezam Studio habla de “interiorismo metódico” no como una metodología rígida, sino como una herramienta para acompañar el proyecto con claridad y coherencia. La planificación, según el estudio, no limita la creatividad; al contrario, permite que el resultado final responda de forma más precisa a las necesidades reales del cliente.

Ordenar el caos de la obra
Toda reforma implica inevitablemente momentos de tensión. El ruido, el polvo, los retrasos o los imprevistos técnicos forman parte de cualquier proceso constructivo. Muchas veces, además, los clientes deben tomar decisiones importantes en medio de un contexto que puede resultar emocionalmente agotador.
Frente a esa realidad, Sezam Studio plantea el acompañamiento como una parte esencial del proyecto. La coordinación continua y la anticipación de problemas buscan evitar que la obra se convierta en una sucesión de decisiones improvisadas o conflictos inesperados.
La experiencia del cliente ocupa un lugar importante dentro de esta visión. El estudio considera que reformar una vivienda no debería derivar en frustración, discusiones o desgaste constante, especialmente cuando se trata de un momento vital significativo. Desde su perspectiva, la organización y la planificación ayudan a transformar esa experiencia en un proceso más claro, comprensible y llevadero.
En este sentido, el método funciona también como una forma de cuidado. Cuidado de los tiempos, de las decisiones, de la comunicación y de la relación entre todos los agentes implicados en la obra. La intención es que el cliente pueda entender el avance del proyecto no como un caos sin dirección, sino como una transformación progresiva hacia un objetivo definido.
La construcción emocional del hogar
Más allá de la dimensión técnica, Sezam Studio insiste en que una vivienda también se construye desde la emoción. Durante una reforma existen momentos en los que todavía resulta difícil imaginar el resultado final. Las estancias parecen incompletas y el espacio aún no refleja la identidad de quienes van a habitarlo.
Precisamente por eso, el estudio considera fundamental mantener una visión global durante todo el proceso. La planificación permite sostener esa imagen futura incluso en las fases más complejas de la obra, cuando todavía no existe una referencia visual clara del resultado.
La idea de hogar, en esta filosofía, no aparece únicamente al finalizar el proyecto. Empieza a construirse desde la primera conversación con el cliente, en la comprensión de sus hábitos, sus expectativas y la manera en que quiere vivir el espacio.
Por ello, Sezam Studio entiende cada reforma como un cambio vital además de arquitectónico. No se trata solo de modificar una vivienda, sino de configurar un entorno capaz de acompañar la vida cotidiana de forma coherente y duradera.

Método, sensibilidad y experiencia
La propuesta de Sezam Studio pone en valor una parte del interiorismo que a menudo queda fuera de las imágenes finales: la capacidad de organizar la complejidad. La serenidad de un espacio terminado suele ser el resultado de cientos de decisiones previas que requieren experiencia, técnica y una mirada global del proyecto.
La pieza audiovisual protagonizada por Naty Giménez y desarrollada junto a Maria Pujol y Lídia Ladera resume precisamente esa idea. La danza aparece como una metáfora de todos aquellos movimientos invisibles que sostienen una reforma: coordinación, precisión, ritmo, equilibrio y sensibilidad.
En esa relación entre método y creatividad se encuentra una de las claves de la identidad del estudio. La belleza, según esta visión, no nace de la improvisación, sino de un proceso cuidadosamente pensado para que cada elemento encuentre su lugar.
Así, Sezam Studio propone una manera de entender el interiorismo que va más allá del resultado visual. Una práctica donde el diseño no se limita a transformar espacios, sino también a ordenar procesos, acompañar decisiones y convertir la complejidad de una obra en una experiencia más consciente y coherente para quienes van a vivirla.
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