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Barcelona quiere que los semáforos “piensen”: la ciudad lanza un reto de inteligencia artificial para revolucionar la movilidad urbana

Inteligencia artificial para revolucionar la movilidad urbana

Barcelona se prepara para dar un salto tecnológico que podría cambiar de forma radical la manera en que se mueve su tráfico. La ciudad ha puesto en marcha, a través del Barcelona Innova Lab Mobility (BILM), un ambicioso reto internacional para encontrar soluciones basadas en inteligencia artificial capaces de ajustar en tiempo real la regulación de los semáforos y, con ello, optimizar la movilidad urbana.

No se trata solo de hacer el tráfico más fluido. El objetivo es mucho más amplio: transformar un sistema que hoy funciona mayoritariamente con programación fija en una red dinámica, capaz de responder al pulso real de la ciudad en cada momento del día.

Un laboratorio urbano para repensar la movilidad

El punto de partida de esta iniciativa nace de un estudio conjunto entre el Ayuntamiento de Barcelona y la Universitat Politècnica de Catalunya – BarcelonaTech (UPC), que ha puesto de relieve dos características clave del ecosistema urbano barcelonés: la enorme diversidad de modos de transporte —peatones, bicicletas, autobuses, vehículos privados y servicios de movilidad compartida— y la alta densidad de conexiones de su red viaria.

En una ciudad donde cada cruce puede convertirse en un nodo crítico de movilidad, la gestión semafórica deja de ser un simple sistema de control para convertirse en una herramienta estratégica. Y es precisamente ahí donde entra la inteligencia artificial.

El reto impulsado por el Barcelona Innova Lab Mobility está dotado con 200.000 euros para el desarrollo de soluciones innovadoras. Además, los proyectos seleccionados podrán recibir hasta 100.000 euros adicionales, cubriendo hasta el 80% del coste total de su implementación.

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Las propuestas podrán presentarse hasta mediados de mayo, y las soluciones ganadoras se darán a conocer en otoño, en el marco del evento Tomorrow Mobility, celebrado dentro del Smart City Expo World Congress, uno de los principales escaparates internacionales de innovación urbana.

Semáforos que se adaptan en tiempo real

El corazón del proyecto es tan ambicioso como concreto: pasar de una regulación semafórica basada en horarios preestablecidos a un sistema capaz de adaptarse en tiempo real a las condiciones reales del tráfico.

Hoy en día, Barcelona cuenta con 1.823 cruces semaforizados y alrededor de 40.000 semáforos, la mayoría de ellos coordinados mediante planes fijos que se ajustan a patrones históricos de movilidad. Este sistema, aunque eficiente en condiciones normales, tiene limitaciones evidentes ante situaciones imprevistas: accidentes, eventos masivos, obras o cambios repentinos en la demanda de transporte.

La nueva propuesta plantea incorporar inteligencia artificial y sensores avanzados que permitan analizar en tiempo real lo que ocurre en las calles. Estos sensores, que se desplegarán en las zonas piloto, recogerán datos sobre flujos de tráfico, densidad de peatones y comportamiento de distintos modos de transporte.

Además, el proyecto se beneficiará de la renovación de la red de comunicaciones de la ciudad mediante fibra óptica, impulsada por el Pla Endreça, lo que permitirá una transmisión de datos más rápida y fiable entre los distintos puntos del sistema.

Una ciudad como laboratorio vivo

La hoja de ruta del proyecto está claramente definida. Las pruebas piloto comenzarán a finales de este año y se extenderán durante 2027 en entornos reales de la ciudad. No se trata de simulaciones ni entornos controlados, sino de calles reales, con tráfico real y comportamientos impredecibles.

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Esta fase será clave no solo para evaluar la eficacia de las soluciones, sino también para aprender de ellas. El objetivo es generar conocimiento aplicable a largo plazo, que permita mejorar progresivamente el sistema de movilidad urbana.

En este sentido, el Barcelona Innova Lab Mobility no se limita a financiar tecnología, sino que actúa como un verdadero laboratorio urbano, donde la ciudad se convierte en campo de pruebas para nuevas formas de gestionar la movilidad.

Hacia una movilidad más inteligente y sostenible

La ambición del proyecto va más allá de la eficiencia del tráfico. En el fondo, lo que se plantea es una transformación profunda del modelo de movilidad urbana, alineada con los objetivos de sostenibilidad y reducción de emisiones.

Un sistema semafórico inteligente puede reducir tiempos de espera, disminuir atascos, mejorar la fluidez del transporte público y, en consecuencia, reducir el consumo energético y la contaminación. También puede mejorar la seguridad vial, al adaptarse mejor a la presencia de peatones y ciclistas en momentos concretos.

Pero quizá lo más relevante es el cambio de paradigma: la ciudad deja de ser un espacio rígido para convertirse en un organismo vivo, capaz de aprender y adaptarse en tiempo real.

Barcelona, hacia una nueva generación de ciudades inteligentes

Con este reto, Barcelona refuerza su posición como una de las capitales europeas de la innovación urbana. La combinación de inteligencia artificial, sensores urbanos y análisis de datos en tiempo real abre la puerta a una nueva generación de infraestructuras inteligentes, donde la tecnología no solo acompaña a la ciudad, sino que la hace más flexible, eficiente y humana.

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Si el proyecto tiene éxito, el impacto podría ir mucho más allá de la capital catalana. Las soluciones desarrolladas en el marco del Barcelona Innova Lab Mobility podrían convertirse en modelo replicable para otras ciudades del mundo que enfrentan desafíos similares de congestión, sostenibilidad y gestión del espacio público.