Reviviendo la Memoria Agrícola: Un Viaje a Nuestras Raíces Culturales
Un ambiciós proyecto urbanístico se está gestando en L’Hospitalet de Llobregat, donde se prevé la rehabilitación de las masías Torre Gran y Cal Masover Nou como parte del plan para desarrollar un polo biomédico en la zona. Durante años, diversas organizaciones han solicitado a las autoridades que se ocupen de estos edificios protegidos, que son vestigios del pasado agrícola de la ciudad. En su momento, L’Hospitalet contaba con 339 masías, situadas en lo que actualmente es la Zona Franca.
Las denuncias sobre el estado de deterioro de la Torre Gran son evidentes, visibles incluso desde la carretera adyacente. Esta masía, que pertenece a la Agència Catalana de l’Aigua, ha sido objeto de constantes alertas por parte de activistas del patrimonio, quienes subrayan la urgencia de intervenir. Raúl Alvarín, director del Consorci per a la Reforma de la Granvia i el Samontà, ha reconocido que tanto la Torre Gran como Cal Masover Nou se encuentran en un estado de ruina extrema y requieren una reconstrucción.
Las entidades que defienden el patrimonio local han reclamado reiteradamente que se tomen medidas para evitar la continua degradación de estos edificios. Sin embargo, la falta de acuerdos institucionales para su recuperación y la implementación de los planes urbanísticos han generado una parálisis que amenaza la supervivencia de estos símbolos de la historia agrícola de la región.
La rehabilitación de las masías es parte de un compromiso en el marco del Pla Director Urbanístic (PDU) Biopol-Granvia, que contempla la modernización de la infraestructura urbana y el desarrollo de un centro de investigación médica. Alvarín ha indicado que la rehabilitación de las tres fincas se llevará a cabo una vez concluyan las obras de urbanización del tramo sur de la Granvia, previsto para 2031, utilizando aproximadamente tres millones de euros provenientes de la reparcelación de terrenos.
A diferencia de las otras dos masías, Cal Trabal se rehabilitará sin necesidad de una reconstrucción completa, ya que aún mantiene su vínculo con la actividad agrícola. Estas intervenciones serán ejecutadas por el Consorci y, al finalizar, los inmuebles estarán disponibles para el Ayuntamiento de L’Hospitalet, con la expectativa de que sus futuros usos estén relacionados con el entorno.
Ireneu Castillo, un defensor del patrimonio local, ha criticado el silencio de las administraciones ante las demandas de acción. Recientemente, su asociación denunció el colapso de una de las fachadas de la Torre Gran tras fuertes vientos, lo que ha llevado a considerar el edificio en un estado de ruina ilegal. Castillo atribuye esta situación a la inacción de la Agència Catalana de l’Aigua y cuestiona la falta de inspecciones y medidas por parte del consistorio.
Al inicio del año, Castillo publicó «Els últims masos de l’Hospitalet», donde enfatiza la importancia de preservar la memoria agrícola de la ciudad. Lamenta la pérdida de masías, destacando que, tras la reducción del territorio por la creación de la Zona Franca, solo quedan 25 de las 339 que existían anteriormente.
Además, se teme que otras masías no catalogadas, como Cal Capella y Cal Rovira, desaparezcan con el avance del proyecto biomédico. Las organizaciones vecinales y ecologistas han manifestado su desacuerdo con el plan, que implica la transformación de los últimos campos agrícolas de la ciudad en un parque estratégico, alejándose de su uso original.


