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Collboni recurrirá de nuevo a la cuestión de confianza tras quedarse sin mayoría para aprobar los presupuestos

Collboni recurrirá de nuevo a la cuestión de confianza tras quedarse sin mayoría para aprobar los presupuestos

Barcelona vivirá otra aprobación presupuestaria mediante cuestión de confianza. No ha habido acuerdo final entre el PSC y Barcelona en Comú para sacar adelante las cuentas municipales de 2026, a pesar de que las posiciones se habían acercado en los últimos días. La abstención anunciada por los comunes antes del pleno de este viernes ha dejado al alcalde, Jaume Collboni, sin los apoyos necesarios y le obligará a activar de nuevo este mecanismo excepcional, por segunda vez en su mandato.

El alcalde contaba con el apoyo cerrado de ERC, pero la suma era insuficiente. Junts, PP y Vox han votado en contra, certificando un escenario sin mayorías claras y confirmando que las cuentas no prosperarían por la vía ordinaria. La votación, sorprendentemente adelantada a noviembre —cuando tradicionalmente los presupuestos se someten a debate antes de Navidad— ha visualizado el portazo definitivo de los comunes.

Barcelona en Comú, del “no” al “nos abstenemos”, pero sin acuerdo

La portavoz de Barcelona en Comú, Gemma Tarafa, había advertido desde primera hora que su grupo se abstendría. Argumentó “falta de ambición” en las políticas de vivienda del PSC y reprochó al Gobierno municipal que no haya concretado aún medidas como la regulación del alquiler de temporada o la lucha contra las compras especulativas.
“En vivienda tienen buena predisposición, pero a la hora de actuar ponen excusas. Los vecinos no pueden esperar más”, afirmó Tarafa, que también reclamó peatonalizaciones de calles y un plan de choque contra el sinhogarismo. Además, envió un mensaje directo a Collboni: “No podrá tener acuerdo con las izquierdas de la ciudad”.

Aun así, el PSC interpreta la abstención como un desenlace “positivo”, considerando que hace solo unos días los comunes se situaban en el “no” absoluto.

Collboni activa la cuestión de confianza

Tras el debate, Collboni tomó la palabra para anunciar que firmará el decreto que activa la cuestión de confianza, un mecanismo que la ley prevé para situaciones de bloqueo. Con este procedimiento, el alcalde presenta su proyecto presupuestario al pleno y, si en un plazo de un mes no se articula un gobierno alternativo para expulsarlo, las cuentas quedan automáticamente aprobadas.
Será la segunda vez en su mandato —ya recurrió a este mecanismo en 2024— aunque en un clima político más calmado, como él mismo ha subrayado. Collboni agradeció “el tono constructivo” del pleno, especialmente el apoyo de ERC, y defendió que Barcelona tendrá “presupuestos sin subir impuestos a vecinos y pymes, y con fondos récord destinados a vivienda”.

También tendió la mano a los comunes, asegurando que algunas de sus reivindicaciones en materia de vivienda “tirarán adelante”, como el tanteo y retracto o el estudio de limitaciones a las compras especulativas.

Un presupuesto expansivo, según el Gobierno municipal

El teniente de alcalde de Economía, Jordi Valls, defendió unas cuentas “expansivas y centradas en las personas”, que alcanzan los 4.180 millones de euros, de los cuales 860 millones corresponden a inversiones. Valls destacó que el presupuesto supone el 3,6% del PIB de la ciudad y que “es un motor” para Barcelona, además de recalcar que no aumenta la presión fiscal.
Sobre las críticas de los comunes, respondió que “la convicción debe ir acompañada de responsabilidad”, y recordó que limitar compras especulativas requiere cambios legales para evitar inseguridad jurídica. Mostró su disposición a apoyar la medida “cuando esté técnicamente trabajada”.

Las claves del desacuerdo: vivienda, peatonalizaciones y calendario político

A pesar de la proximidad de las últimas semanas entre PSC y comunes, varias razones confluyen en la abstención final de Barcelona en Comú.
Políticamente, se ha entrado en la segunda mitad del mandato, un momento en el que cada votación se mira ya con lógica preelectoral. Además, la presidenta del grupo, Janet Sanz, se despedirá del Ayuntamiento antes de Navidad, tras 16 años como concejal. En sus últimos meses, Sanz busca posicionarse sin alinearse con la derecha, lo que hace que votar en contra del presupuesto no fuera una opción estratégica.

Pero el gran fondo de la cuestión sigue siendo la política de vivienda. Los comunes impulsaron durante años medidas ambiciosas y sostienen que el PSC no ha mantenido el ritmo. La regulación del alquiler de temporada —una promesa que el año pasado Collboni hizo a Sanz en la negociación presupuestaria— sigue sin concretarse. Y las peatonalizaciones reclamadas por los comunes afectan a vías básicas de circulación, particularmente complejas de transformar en ejes verdes.

Reacciones del resto de grupos: apoyos mínimos y críticas al modelo de ciudad

ERC, a través del concejal Jordi Castellana, ha celebrado su pacto con el Gobierno municipal, destacando avances en temas de turismo, lengua catalana y vivienda.
En cambio, desde Junts, Jordi Martí ha acusado al Ejecutivo local de “estar desconectado del día a día real de los barceloneses” y ha lamentado que, pese a los buenos datos económicos, “la ciudad no avanza hacia un modelo más justo y equilibrado”, alertando del aumento del sinhogarismo y refiriéndose a la “asfixia de los pequeños comerciantes”.

Un desenlace previsto… y un mes de incertidumbre controlada

Con la escenificación del desacuerdo, Barcelona se encamina hacia un nuevo episodio de cuestión de confianza que previsiblemente dejará los presupuestos aprobados de forma automática dentro de un mes.
Aunque no haya mayoría suficiente para aprobar las cuentas por vía directa, tampoco existe una alternativa para desbancar a Collboni, lo que deja al alcalde con el control del calendario y del desenlace final.

Mientras tanto, el debate ha dejado claro que vivienda, movilidad y cohesión social seguirán siendo los ejes centrales de la política municipal en los meses que vienen.