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Avances y Retos del Ambicioso Plan de Rehabilitación de la Trinitat Vella: ¿Qué Sucederá?

Avances y Retos del Ambicioso Plan de Rehabilitación de la Trinitat Vella: ¿Qué Sucederá?

El ambicioso plan de rehabilitación de la Trinitat Vella permanece en un estado de incertidumbre. Este proyecto, destinado a abordar el grave problema de la aluminosis en 75 edificios del barrio, uno de los más desfavorecidos de Barcelona, aún no ha iniciado ninguna reforma. Los habitantes expresan su frustración: «Llevamos siete años apuntalados», lamenta Avelina, residente de la zona.

La situación se torna crítica cada vez que llueve, ya que el agua se filtra por las grietas, obligando a los vecinos a aplicar cemento para cubrir los agujeros. Avelina señala las marcas en las fachadas que resultan de las inspecciones realizadas por el Ayuntamiento en 2018, las cuales confirmaron la presencia de aluminosis en varios bloques cercanos. En respuesta, se instalaron puntales en las ventanas que dan al patio interior para prevenir desprendimientos. Sin embargo, la esperanza de que las ayudas llegaran y las reformas se llevaran a cabo se ha desvanecido, dejando a los residentes en un estado de deterioro cada vez más alarmante.

El barrio de Trinitat Vella, que fue pionero en contar con un plan de regeneración urbana en Barcelona, ha visto cómo sus proyectos se estancan. Roberto Rodríguez, miembro de la Asociación Vecinal Taula Trinitat Vella, critica la falta de avances: «No hay ningún proyecto firmado ni se ha realizado ninguna reforma». En total, los edificios afectados suman 432 viviendas, formando parte de un conjunto de 8,000 hogares en la ciudad que la Federación de Asociaciones Vecinales de Barcelona ha señalado como en riesgo de ruina por la falta de rehabilitación.

El Ayuntamiento ha reconocido que de las siete escaleras donde se debían iniciar las obras en Trinitat Vella, tres han desistido y los concursos para adjudicar las reformas de las restantes cuatro fueron declarados desiertos. Actualmente, el consistorio evalúa la posibilidad de iniciar las obras mediante un procedimiento negociado.

La situación de los inmuebles ha llevado a la instalación de mallas en balcones y ventanas, evidenciando el riesgo de caídas de escombros. Los vecinos llevan años enfrentando esta realidad sin que se haya tomado acción adecuada. «Llevamos siete años con puntales, y nadie ha venido a revisarlos hasta el verano pasado, cuando empezamos a presionar. Algunos los reforcé yo mismo», se queja Rodríguez. En respuesta, el gobierno local afirma que ha establecido un acuerdo para que empresas especializadas revisen el estado de las medidas de prevención cada seis meses, mientras se busca solución a la problemática.

Al menos 28 edificios en Trinitat Vella cuentan con medidas provisionales de protección debido a serios problemas estructurales. Un claro ejemplo es la vivienda de Gloria, una mujer de 86 años con una discapacidad del 81%. Para acceder a su hogar, debe sortear una escalera estrecha que la lleva a un rellano apuntalado, donde tres soportes sostienen el techo. Su hija Montse describe el estado del edificio: «Tiene deficiencias por todos lados: aluminosis, grietas, filtraciones, y la fachada está en peligro de caer».

Montse menciona que los trabajos para reparar el inmueble de su madre se estimaron en 178,000 euros, con la promesa de una subvención del 85%. Sin embargo, la inclusión de obras de eficiencia energética en el proyecto encareció el costo total a entre 350,000 y 400,000 euros. Esto depende de la obtención de fondos europeos Next Generation, con un alto riesgo de perderlos, ya que se exige que las obras finalicen antes del 30 de junio de 2026. «Se requería aislamiento, instalación de paneles solares… Con esos números, decidimos dar un paso atrás», concluye Montse.