Puigdemont y su nueva pasión por la Justicia: un viaje inesperado
Es fascinante observar la transformación que ha experimentado Carles Puigdemont. Aquél presidente de la Generalitat que solía despreciar las leyes españolas, que promovió un referéndum suspendido por el Tribunal Constitucional y que abandonó el país antes de enfrentarse a la Justicia, ahora exige con seriedad que Europa inste a España a cumplir una sentencia de manera urgente. Parece que la Justicia es admirable… cuando coincide con sus propios intereses.
La situación tiene tintes de comedia. Puigdemont acusa a España de no ejecutar adecuadamente el fallo del Tribunal de Justicia de la Unión Europea sobre la amnistía. Surge entonces la pregunta: ¿desde cuándo se ha convertido el expresidente en un defensor del cumplimiento riguroso de las resoluciones judiciales? Durante años, su discurso fue opuesto: desobediencia, desafío y la consideración de cualquier acción judicial como una persecución política. Sin embargo, en este momento, los jueces son esenciales… siempre que respalden lo que él desea.
La ironía más notable de este relato es que quien proclamó durante tanto tiempo que las leyes podían ser desobedecidas en nombre de un objetivo superior, ahora exige una ejecución inmediata, literal y sin ambigüedades de una resolución europea. No pide paciencia. No acepta interpretaciones. No deja espacio para dudas. La Justicia debe ser cumplida… pero, curiosamente, solo cuando le permite regresar a Catalunya.
En el ámbito político, hay giros sorprendentes, pero pocos tan notables como el de Carles Puigdemont. De considerar que «las leyes españolas no nos obligan» a exigir «el cumplimiento inmediato de la sentencia», su recorrido ideológico es digno de análisis. Tal vez su percepción de la Justicia no ha cambiado tanto; quizás sigue aplicando el mismo principio de siempre: las resoluciones son valiosas cuando le benefician y profundamente cuestionables cuando no lo hacen.



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