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Núria Armengol: la psicóloga que denuncia el narcisismo institucional

NÚRIA ARMENGOL psicóloga en Tarragona

Núria Armengol Martínez es Psicóloga y tiene su consulta en la ciudad de Tarragona. Ofrece servicios de Terapia individual y de parejas, es Mediadora familiar, Coordinadora de parentalidad y  Psicóloga forense

“EN TU VULNERABILIDAD RESIDE TU FORTALEZA”
La Psicóloga que denuncia el narcisismo institucional:
“El sistema castiga al profesional empático y premia al que busca el estatus y la frialdad.”

La Psicóloga Núria Armengol Martínez denuncia la cultura narcisista que impregna la sociedad y las instituciones responsables de proteger. En un contexto de aumento del suicidio juvenil y sistemas preventivos cada vez más rígidos y deshumanizados, Armengol lanza una reflexión incómoda: “El sistema premia la frialdad y castiga la empatía”.

P:  El caso de la niña Sandra Peña es un trágico recordatorio. ¿Cómo conecta esa desprotección y el aumento del suicidio juvenil con la frialdad y la desconexión que observa en la sociedad y en los sistemas de ayuda?

R:  Vivimos una desprotección creciente hacia los vulnerables, con un coste humano trágico. El aumento de suicidios en adolescentes es una emergencia de salud mental. Esto es resultado de una sociedad que ha normalizado la dureza y el individualismo. Esa desconexión emocional se refleja en las instituciones y en algunos profesionales. Cuando la empatía se ve como debilidad, el sistema se vuelve incapaz de proteger.

P:  El caso de Sandra Peña ha ocurrido en España, ¿cree que este problema de negligencia y encubrimiento institucional se repite a nivel global?

R:  Absolutamente, este patrón es una plaga global. El caso del niño Gabriel Fernández en California (EE. UU.) lo demuestra trágicamente. Gabriel, de solo 8 años, fue brutalmente torturado y asesinado por su madre y el novio de esta, a pesar de que múltiples instituciones tenían conocimiento de su sufrimiento y fallaron en intervenir. Su inacción permitió que el horror se consumara. El caso Gabriel Fernández es un espejo global que refleja cómo la frialdad y el temor a la responsabilidad se han enquistado en muchos sistemas de protección. Quienes hayan visto el documental de Netflix sobre este caso conocen bien la magnitud de esa tragedia.

Esto expone crudamente el narcisismo institucional: cuando las estructuras creadas para proteger a las personas terminan protegiéndose a sí mismas, encubriendo la negligencia.

Como dijo Martin Luther King, “No me estremece la maldad de los malos, sino la indiferencia de los buenos.” Y yo añadiría: esa pasividad -ese miedo a incomodar al sistema- hace que no podamos considerarlos verdaderamente ‘buenos’, aunque tampoco sean ‘malos’.

P:  Usted identifica esta frialdad como un problema cultural. ¿Qué está fallando en el sistema institucional?

R:  El problema es cultural y estructural; no se soluciona corrigiendo un protocolo. Como explica Thomas Erikson en “Rodeados de narcisistas”, vivimos en una cultura que promueve el individualismo y la búsqueda de estatus. Ese patrón se infiltra en las instituciones, formadas por personas. Cuando los valores dominantes son la productividad y el éxito superficial, la indiferencia se convierte en norma. Las instituciones dejan de ver a los vulnerables como seres humanos y los tratan como expedientes o riesgos. La verdadera frialdad institucional castiga al profesional empático y premia a quien mantiene distancia fría e impersonal.

NÚRIA ARMENGOL PSICOLOGA

P:  ¿Cree que se admira a quienes tienen rasgos narcisistas?

R:  Sí. La cultura narcisista valora la grandiosidad y la autopromoción. No hablo de diagnósticos clínicos, sino de valores culturales. Figuras públicas como Donald Trump simbolizan ese ideal de poder y control. El mensaje es claro: “sé grandioso y serás admirado; muestra vulnerabilidad y serás castigado”. Ese modelo se reproduce en política, educación y sanidad.

P:  ¿Hay profesionales de la ayuda que reproducen esa cultura narcisista dentro del sistema?

R:  Sí. Igual que hay profesionales movidos por vocación genuina, también los hay que buscan reforzar su ego a través de su posición. Cuando alguien se siente por encima de la población que atiende, la ayuda se convierte en herramienta de poder. Esa es la frialdad en estado puro: cuando el contacto humano se sustituye por superioridad.

P:  ¿Puede ofrecer ejemplos concretos de cómo el sistema castiga la empatía profesional?

R:  Sí, los vemos constantemente. El médico vasco, Dr. Sánchez, fue expedientado por acompañar fuera de horario a una niña terminal para darle dignidad. Atendí a una profesora sancionada por hablar directamente con las niñas que acosaban a una alumna. En ambos casos, la empatía fue tratada como transgresión. En mi práctica clínica veo profesionales sanitarios agotados, con sobrecarga de pacientes, sin tiempo ni respaldo. Falta personal, pero tampoco se cuida al que hay. El sistema valora la productividad por encima de la humanidad. Los reguladores son rígidos y punitivos; la empatía se percibe como riesgo, no como competencia esencial.

P:  Hace aproximadamente un año, la DANA en Valencia dejó al descubierto graves fallos institucionales. ¿Qué lectura hace desde su perspectiva?

R:  La DANA fue un espejo de lo que ocurre cuando las estructuras se desconectan de su propósito humano. Hubo alertas previas que no se escucharon, decisiones demoradas y una gestión posterior más preocupada por proteger la imagen institucional que por acompañar a las víctimas. Se falló antes, se llegó tarde durante la emergencia y se actuó con frialdad después. Eso es el narcisismo institucional: priorizar la reputación y el control sobre la empatía y la responsabilidad. Lo vimos en la falta de coordinación, en los informes contradictorios, en la tardanza para ofrecer apoyo psicológico real a las familias afectadas. Las instituciones reaccionaron desde el miedo a ser señaladas, no desde el compromiso con el cuidado. Cuando una organización no soporta reconocer su vulnerabilidad, se deshumaniza. Y eso, en última instancia, cuesta vidas. La DANA debería enseñarnos que admitir errores no debilita a una institución: la hace más confiable y humana.

P:  Para terminar, ¿qué mensaje le dejaría a quienes leen esta entrevista, tanto ciudadanos como profesionales?

R:  Que comprendan que en nuestra vulnerabilidad radica la verdadera fortaleza. La sensibilidad no es debilidad; es lo que nos permite cuidar, reparar y conectar. Si una madre o padre sienten debilidad por su hijo, sacará fuerzas de donde no las hay. Lo mismo ocurre en lo profesional: la empatía nos hace mejores en nuestro trabajo y en nuestra humanidad. Somos seres interdependientes, y todos seremos vulnerables alguna vez. Por eso, más que buscar poder o estatus, debemos recordar que “el otro importa”. Solo cuando entendamos esto podremos construir instituciones verdaderamente humanas.

P:  En su consulta, ¿con qué tipo de personas trabaja y cómo las acompaña desde esa mirada más humana que defiende?

R:  A mi consulta acuden sobre todo personas con ansiedad o malestar porque sienten que no encajan en un sistema demasiado frío o exigente. Suelen ser personas sensibles, responsables y empáticas, a quienes les cuesta adaptarse a un entorno que no valora la sensibilidad. También acompaño a muchas parejas que sufren por falta de comprensión mutua. Trabajo desde la empatía para que puedan reconocerse y entenderse, recuperando el vínculo y la confianza tanto en el otro como en sí mismos.

Núria Armengol Martínez es Psicóloga y ejerce en Tarragona. Trabaja a nivel de terapia individual y de parejas, online y presencialmente.

https://nuriaarmengol.com/servicios/

https://nuriaarmengol.com/contacto/

 

DIRECCIÓN: Carrer D’Higini Angles, 2, 8º1ª, 43001 Tarragona

1 comentario

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Martina Morell Gonzalo

Que gran verdad Nuria.

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