España alcanza el segundo menor número de muertes en carretera desde 1960: 107 fallecidos en julio
El reciente informe sobre la siniestralidad vial en España revela una tendencia positiva en las cifras de mortalidad, que han disminuido significativamente en comparación con las décadas de los setenta y ochenta, cuando era común registrar más de 600 muertes en julio. Aquel periodo alcanzó picos alarmantes, como los 676 fallecimientos en 1978 y los 646 en 1989. En la actualidad, gracias a la implementación de vehículos más seguros, la mejora de las infraestructuras, campañas de concienciación, controles policiales y avances en la atención médica de emergencia, las cifras actuales son notablemente más bajas. Sin embargo, la Dirección General de Tráfico (DGT) subraya que la pérdida de 107 vidas representa 107 tragedias, muchas de las cuales podrían haberse evitado.
A pesar de la mejora general, el análisis también pone de manifiesto la persistencia de problemas estructurales en la seguridad vial. Casi el 70% de las muertes se producen en carreteras convencionales, que siguen siendo las más peligrosas, a pesar de tener un volumen de tráfico inferior al de autopistas y autovías. Las motocicletas, junto con peatones y ciclistas, siguen siendo uno de los grupos más vulnerables, mientras que las distracciones al volante, el exceso de velocidad, el consumo de alcohol o drogas y la falta de uso del cinturón de seguridad siguen siendo factores determinantes en los accidentes mortales.
En Cataluña, la situación presenta tanto aspectos positivos como negativos. Según el Servicio Catalán de Tráfico, al finalizar el primer semestre, se registraron 69 muertes en las carreteras interurbanas, una cifra ligeramente inferior a la del mismo periodo del año anterior, aunque con una alta proporción de motoristas entre las víctimas. Durante el mes de julio, varios accidentes graves en Barcelona, Girona, Tarragona y Lleida elevaron el total provisional a cerca de 78 fallecidos hasta finales de julio, de acuerdo con las cifras oficiales de la entidad autonómica.
Las autoridades de Tráfico expresan su preocupación por la elevada siniestralidad entre motoristas y por el comportamiento en las carreteras secundarias, donde se concentra gran parte de los accidentes mortales. Por ello, este verano se han intensificado los controles específicos sobre velocidad, consumo de alcohol y drogas, así como el uso del teléfono móvil, además de reforzar las campañas de concienciación dirigidas a los usuarios más vulnerables.
En conclusión, si bien España ha logrado un avance significativo en materia de seguridad vial, alcanzando cifras de mortalidad históricamente bajas a pesar del aumento en los desplazamientos, el objetivo de «cero víctimas» aún parece distante. Cada reducción en las estadísticas es un logro colectivo, pero mientras más de un centenar de personas sigan perdiendo la vida en un solo mes, la prudencia al volante, la mejora de las infraestructuras y la educación vial seguirán siendo aspectos fundamentales a considerar.


